Vacaciones: ¿relax o estrés?

Las vacaciones están llamando a nuestra puerta y con ello la presión por dejar zanjadas nuestras tareas aumenta. Así lo demuestra un estudio realizado recientemente por la agencia de viajes Muchoviaje.com que demuestra que el 65% de los ciudadanos españoles admite sufrir estrés pre-vacacional.

El estrés que experimentamos en este periodo no solo se debe al trabajo, sino que también tiene mucho que ver con las vacaciones en sí. No tener todavía el  destino de viaje o el trabajo de hacer las maletas, más aún cuando hay niños de por medio, también implican un sobre esfuerzo y tiempo extra que hay que añadir.  

De la misma forma, los preparativos del viaje, la convivencia con la familia y el hecho de estar fuera de casa pueden conducir al llamado estrés vacacional. Muchos son los que optan por irse de vacaciones el mismo día, sin contemplar ni siquiera unos días de descanso, lo cual hace que nos encontremos frente a una situación de estrés incluso mayor que la tenían antes de vacaciones.

Durante los últimos días de trabajo se produce una situación algo atípica, puesto que de alguna manera nuestra cabeza está pensando en las vacaciones, pero, a la vez no puede dejar de pensar en toda la faena que le falta por terminar. Por ello, la mayoría de los trabajadores hacen más horas para cumplir con sus responsabilidades. Esta  tensión por terminar todo y delegar responsabilidades temporalmente puede generar una situación de ansiedad.

También, deberemos evitar dejar todos los preparativos del viaje para el último momento, organizar nuestro tiempo para realizar estas tareas con antelación será vital para poder descartar un factor más de estrés en estos casos.

Pero, desafortunadamente el estrés no termina aquí. Hay muchas personas que sufren del  Síndrome de Stendhal o lo que es lo mismo, curiosidad y necesidad de ver todo, absolutamente todo. Conocido como el estrés del viajero hay personas que se empeñan en visitar todos los museos y realizar todas y cada una de las actividades posibles. El problema es que al final las vacaciones dejan de ser vacaciones y no descansamos ni un segundo. Saber priorizar y escoger sólo aquello que nos interese más será la solución para hacer de nuestras vacaciones un tiempo de relax y bienestar.

Las vacaciones en familia también pueden provocar algún que otro enfrentamiento o situación indeseada. Generalmente no estamos acostumbrados a pasar tanto tiempo juntos y la convivencia no resulta tan fácil.

Para evitar todo este tipo de situaciones la solución está en la planificación. En este sentido es muy importante que tengamos siempre en mente las dificultades que podamos encontrar a lo largo del proceso.  Por ejemplo, hay que contemplar el presupuesto con el que contamos, no tener dinero suficiente siempre causa estrés y más aún si por una mala ejecución a mitad de las vacaciones nos quedamos sin él. Por lo tanto, hay que tener siempre presente la cantidad que disponemos y en qué lo vamos destinar. Si viajamos a países culturales podemos anticipar que visitaremos museos y edificios de interés que por lo general no supondrán ningún coste. Es probable también que hagamos algunas comidas fuera del lugar donde nos alojamos  y que hagamos alguna que otra compra, por lo que todo esto hay que decidirlo  y organizarlo antes para así poder hacer frente a posibles imprevistos.

También es muy recomendable no hacer tours muy largos con horarios estrictos. Siempre es mejor disfrutar de paseos por las calles de la cuidad que visitemos y que hagamos pausas cuando nos apetezca.  En esta línea es muy importante que reservemos tiempo y espacio para el ocio y relax.

Por último, deberíamos procurar de al menos un día de margen antes de poner rumbo a nuestro viaje para poder acabar de cerrar los preparativos y dejarlo todo listo, del mismo modo que será muy beneficioso dejar otro día antes de incorporarnos al trabajo para poder habituarnos de nuevo y mentalizarnos de la vuelta a la rutina.

Foto | kanegen en Flickr