Aprendiendo a ser positivo 2: la fábula de la rana sorda

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Algunos cuentos y fábulas, de aquellas de las que no se sabe muy bien su origen, esconden verdaderas lecciones de vida que nos pueden ser muy útiles, por ejemplo, a la hora de enfrentarnos a obstáculos y problemas  e incluso a mejorar cómo nos relacionamos con los demás.  Hoy queremos compartir con vosotros una de estas historias, “La fábula de la rana sorda”. 

Cuenta la fábula que un grupo de ranas marchaban alegremente por el bosque. En un despiste, dos de ellas cayeron de repente en un hoyo.  La otras ranas quedaron horrorizadas, y al acercarse a mirar cuán profundo resultaba el hoyo y descubrir que era muy hondo y muy oscuro, empezaron a gritarles a las dos ranas que jamás podrían salir de allí, así que más valía ni intentarlo y darse por muertas. 

Las dos desdichadas ranas, desde el fondo del pozo, no hicieron caso de sus compañeras y empezaron a intentar salir de allí, saltando con todas sus fuerzas. Mientras, las otras ranas continuaban diciendo que más valía no cansarse pues escapar sería imposible. Al cabo de un tiempo, una de las ranas que estaba en el hoyo sucumbió a los comentarios,  dejó de saltar y se rindió, quedando para siempre en el fondo. La otra rana, sin embargo, siguió saltando y buscando cómo salir  aunque las demás insitían en que no valía la pena seguir luchando. Tras mucho rato intentándolo, la rana saltó con todas sus fuerzas y consiguió salir del agujero. Las otras ranas quedaron sorprendidas: “Qué bien que hayas conseguido salir, a pesar de que lo que te gritábamos para que te rindieras”. La rana, entonces, le explicó que ella era sorda y pensó que con sus gritos la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo. 

Esta fábula se conoce también con el título de “El poder de las palabras” porque esa es precisamente una de sus enseñanzas (aunque aún podemos sacar más). Nos demuestra cuánta fuerza e influencia pueden tener las palabras de los demás en nuestras reacciones y cómo una palabra de ánimo puede ayudarnos a “salir del hoyo” y enfrentarnos a nuestros problemas, pero también cómo una palabra destructiva – o una actitud negativa o  la falta de escucha etc –  puede dañar a una persona que se siente mal. Por lo tanto debemos cuidar lo que decimos a los demás, pero también a nosotros mismos. Por que a veces las ranas que gritan para que nos rindamos y no salgamos del hoyo, somos nosotros mismos: nuestros miedos o la falta de autoconfianza en nuestras posibilidades consiguen que creamos que es mejor rendirse que intentar superar nuestros problemas. A veces damos por imposibles cosas que no lo son: lo que pasa es que cuesta encontrar la solución. Como la rana sorda, no permitas que los demás, ni tampoco tus propios miedos, consigan  que dejes de  luchar para superar los problemas. Y recuerda que  con una palabra de aliento o simplemente prestando tu atención y tu apoyo, puedes ayudar a los que quieres a que superen los suyos.

Aprendiendo a ser más positivo 1

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Ya hemos hablado muchas veces en nuestro blog cómo una actitud positiva puede ser la clave para solucionar muchos de las problemas y incluso, puede ser la llave de la felicidad.

Sin embargo, ser positivo no siempre es fácil. A nuestro alrededor, en nuestra propia vida, ocurren muchas cosas que pueden alterar nuestro estado de ánimo e incluso a veces aparecerán obstáculos en el camino que no sabemos bien cómo superar y que pueden provocarnos frustración, nervios e incluso depresiones. La vida está en constante movimiento y cambio (por eso es vida!) y  debemos ser conscientes que habrá momentos felices y otros que francamente,  no lo serán, y que poco habrá que podamos hacer para cambiarlos. Pero sí podemos cambiar en la forma en que afrontamos esos problemas y los momentos infelices de la vida para que dejen una huella menos honda:  aprendiendo a ser positivo y a relativizar los problemas no es fácil, pero tiene grandes recompensas. Hoy queremos aportar nuestro granito de arena para que consigáis ser más positivos pasito a pasito.

El pequeño paso de hoy consiste en desterrar de vuestro vocabulario los términos absolutos. Nos referimos a esos rotundos “nunca” “siempre” todo” “nada” “nunca” “ninguno” “jamás” “seguro” “imposible”. . .Estos términos, que tanto utilizamos en nuestro día a día, son propios del pensamiento negativo y   son tan absolutos que no admiten réplica y  cierran la puerta al cambio, la evolución y la adaptación, muchas veces claves para resolver nuestros problemas.  Si te fijas el pensamiento positivo es flexible está abierto a otras posibilidades e interpretaciones.

Por ejemplo:

Has ido a cenar con  la familia de tu nueva pareja y estás un poco nervioso porque habéis hablado poco: 

Pensamiento negativo: Seguro que les caigo fatal y no me vuelven a invitar nunca

Pensamiento positivo: Quizás no les he caído bien, pero ya nos conoceremos mejor. 

Entre uno y otro pensamientos ¿cuál crees que te ayudaría a solucionar el problema o a sentirte mejor? ¿Cuál crees que sería mejor para tu autoestima? La diferencia es notable, ¿verdad?

Por eso, hoy te proponemos que evites utilizar (y pensar) en términos absolutistas. Porque además, la realidad y la vida, tampoco lo es.

Imagen: Victor Hanacek (Picjumbo)