La amistad, uno de los pilares de la felicidad

amistad

 

Hace pocos días  celebrábamos el Día de San Valentín o Día de los Enamorados. Muchos lo ven como una celebración vacía, poco más que una excusa para hacernos comprar o consumir más – que, en gran parte, lo es-, pero lo cierto es que es una fecha a apuntar en nuestra agenda: no para comprar regalos, si no para recordar el importantísimo papel que tiene la amistad en nuestro bienestar emocional. Ahora que ha pasado la vorágine de los regalos y de los anuncios de perfumes y bombones,  queremos hablar de la verdadera esencia detrás de la  celebración: el poder de la amistad. Al fin y al cabo, la amistad, es amor:  y como  la familia o las relaciones de pareja,  se encuentre en  una base sólida para  la  felicidad  y el bienestar psicológico.

Los verdaderos amigos son aquellos que están con nosotros cuando estamos contentos y también cuando estamos tristes. De hecho, se dice que los malos tiempos traen buenos amigos. Su apoyo incondicional puede ayudarnos a superar más fácilmente los problemas y a sentirnos reconfortados cuando la vida se pone díficil. Que la amistad es una de las bases del bienestar psicológico está incluso estudiado científicamente: tener  un  buen círculo de amigos de amigos ayuda a hombres y mujeres de mediana edad a sentirse más felices según  un análisis publicado en  la revista ‘Journal of Epidemiology and Community Health’. 

Por eso en este breve post os animamos a todos a cultivar vuestras relaciones sociales y a recordar el valiosísimo papel que tienen vuestras amistades en vuestra vida. No dejéis marciotar las relaciones con vuestros amigos y dedicarles el tiempo que se merecen, porque también os lo estáis dedicando a vosotros mismos.

Si quieres comprobar en un instante el valor de la mistad para nuestro bienestar emocional, un día que te sientas algo más triste o bajo de ánimo, descuelga el teléfono y llama a ese  buena amiga o amigo con el que hace tiempo que no hablas, por falta de tiempo o porque te dejas llevar por la rutina. Seguro que en cuanto cuelgues tus penas son muchos más pequeñas. Pruébalo!