Sacar provecho del estrés

Esta semana, todo lo que hemos comentado en el muro de nuestra página en Facebook pivotaba en torno a un solo tema: el estrés. Y pese a tanta mala fama que ha adquirido el estrés en los últimos años, lo cierto es que es un aspecto inherente e incluso necesario en nuestra vida. Sí sí, has leído bien, ¡necesario!

Y es que en realidad la sensación de estrés impide que nos convirtamos en perezosos e indolentes. ¿Por qué? Contemplado desde un punto de vista neutral, el estrés es, al principio, nada más que una reacción natural y normal de adaptación a cualquier tipo de cambio. En términos generales podemos decir que todo cambio, sea positivo o negativo, resulta potencialmente generador de estrés por el simple hecho de que requiere de un proceso de adaptación. ¡Y tiene su funcionalidad! Sirve para que podamos  obtener más y mejores resultados en una situación determinada, cumpliendo una finalidad indispensable que es la de motivarnos e ilusionarnos. Si un cambio en el trabajo – para daros un ejemplo – nos pilla en buenas condiciones para afrontarlo y el estrés que conlleva el nuevo proyecto es solo puntual y breve, la tensión entonces se convierte en algo estimulante. De esta forma,  aumenta nuestro rendimiento, despertando nuestros sentidos y nuestra energía y ayudándonos de paso a aprender algo más acerca de las circunstancias que nos rodean y sobre nosotros mismos.

De este ejemplo ya podemos deducir que hay varios factores que tienen que coincidir para que la tensión debido a un cambio resulte algo positivo. Son, en primer lugar, la intensidad, frecuencia y duración del estrés. En su medida justa, la tensión puntual cuenta con el elemento gratificante de que, al ceder el estrés, nos invade un agradable cansancio y una sensación de satisfacción por la labor bien realizada que dan paso a una placentera impresión de relajación. En ese círculo virtuoso de tensión-periodo de descanso y relajación, todo parece ir bien y somos productivos y creativos.

La cruz de la misma moneda es, en consecuencia, el resultado de una tensión demasiado prolongada en el tiempo o de aquella que, aun estando muy  localizada temporalmente, nos vence porque no tenemos las herramientas necesarias para solventar la crisis y salir vencedores ante el estrés.  ¿Os suena simple? ¡Pues estos puntos son justo los que debemos controlar para evitar el agobio y prevenir la ansiedad! Aparte de los factores externos como la carga del trabajo o los problemas familiares, hay importantes factores internos que son, de igual manera, desencadenantes del estrés. La diferencia es: controlar estos factores internos es mucho más fácil que poder cambiar los factores externos. En otras palabras: aprender a afrontar el estrés hará que no lo percibas como algo negativo. Aquí en nuestro Blog te enseñaremos cómo.