3 lecciones que nos enseña Lo imposible

Escena deLo Imposible. ©Warner Bros. Pictures España
Escena de la Lo Imposible. ©Warner Bros. Pictures España

Anoche, como más de 6 de millones de personas, desde El blog del Triptófano también nos emocionamos viendo  el estreno en televisión de la película Lo imposibleY nos impresionó tanto que hoy no queremos pasar por alto la oportunidad de compartir con vosotros por qué ésta película nos llega tan dentro.

Como ya sabéis, Lo imposible es la adaptación cinematográfica de una historia real de supervivencia: la  de una familia española,  formada por Maria Belón, su marido Quique y sus 3 hijos Lucas, Tomás y Simón. La familia disfrutaba de unos días de vacaciones en Tailandia cuando se vieron golpeados por uno de los desastres naturales más catastróficos de la historia reciente: el terremoto del océano índico de diciembre de 2004, conocido más popularmente como el tsunami de Tailandia. Una familia con muchísima  suerte y  aún más coraje, aunque parezca extraño llamar afortunadas a unas personas  que tuvieron la desgracia de  enfrentarse a una tragedia de dimensiones colosales. Pero lo cierto es que los cinco miembros de la familia sobrevivieron, algo que no fue posible para más de 200.000 personas ese  día de después de Navidad de 2004. Por eso, Maria explica que ahora se acerca su décimo cumpleaños: la fecha en la que volvieron a nacer. Y una vez más, la vida demuestra que incluso de gravísmias catástrofes, podemos obtener algo positivo.

1. Aprende a valorar lo que realmente es importante 

Contaba Maria Belón  en una reciente entrevista que llegaron a Tailandia muy inquietos. En concreto, estaban  preocupados por unas perspectivas laborales muy poco optimistas: Quique podía perder su trabajo. Estaban  tan preocupados que no lograban disfrutar del todo de unas vacaciones familiares en un lugar paradisíaco, lujo que  pocos pueden permitirse  Pero entonces, dice Maria, llegó el tsunami para poner las cosas en su sitio, y enseñarles qué irrelevantes eran realmente esos problemas tan importantes  que hace unos minutos no les dejaban ni desconectar. Esta es una de las primera lecciones de vida que nos enseña su historia: hemos de aprender a valorar lo que realmente es importante. Viendo la historia de la familia  Belón, te das cuenta de  lo insignificantes que son en realidad muchos de los problemas que nos  impiden disfrutar de lo que la vida te ofrece: miedos,un panorama laboral incierto, complejos, relaciones que se rompen. Nos deprimimos, angustiamos y gastamos nuestras energías en problemas que realmente no son lo importante.

2.Vive cada momento como si fuera el último

Además de poner cada cosas en su sitio y a aprender a relativizar nuestros problemas, hemos de ser conscientes de que todos pasaremos por algún tsunami a lo largo de nuestra vida. Quizás no un tsunami “real”, como el que asoló las costas del sudeste asiático, pero sí tsunamis figurados que nos pondrán a prueba. Pérdidas, crisis, problemas personales y familiares o  enfermedades  que pueden golpearnos  con mucha  fuerza, de los que también tendremos que luchar para salir a flote. Un sólo momento puede cambiar para siempre nuestras vidas.  Así que, mientras llega, toca dar las gracias por los buenos momentos y disfrutar cada pequeño momento de felicidad como si fuera el último. Porque de momento, no podemos saber qué nos va a pasar mañana.

3. Lo único capaz de salvar a un ser humano es otro ser humano

Esta frase no es de la película, si no que  como muchos habréis reconocido, se trata de un slogan publicitario de Médicos Sin Fronteras, frase con la que Maria Belon  despidía  su entrevista en el programa Viajando con Chester En la película vemos como ante la tragedia, una madre lucha por salvar a su hijo y un padre mueve cielo y tierra para reencontrarse con su familia. Pero también vemos cómo la ayuda y  la solidaridad entre seres humanos,  entre personas,   entre meros  desconocidos, logra salvar vidas.  Y aprendemos que por eso por lo que realmente merece la pena luchar. Porque  como dice la película “cuando todo está perdido, aquello por lo que luchamos define quiénes somos”. 

Aprendiendo a ser positivo 2: la fábula de la rana sorda

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Algunos cuentos y fábulas, de aquellas de las que no se sabe muy bien su origen, esconden verdaderas lecciones de vida que nos pueden ser muy útiles, por ejemplo, a la hora de enfrentarnos a obstáculos y problemas  e incluso a mejorar cómo nos relacionamos con los demás.  Hoy queremos compartir con vosotros una de estas historias, “La fábula de la rana sorda”. 

Cuenta la fábula que un grupo de ranas marchaban alegremente por el bosque. En un despiste, dos de ellas cayeron de repente en un hoyo.  La otras ranas quedaron horrorizadas, y al acercarse a mirar cuán profundo resultaba el hoyo y descubrir que era muy hondo y muy oscuro, empezaron a gritarles a las dos ranas que jamás podrían salir de allí, así que más valía ni intentarlo y darse por muertas. 

Las dos desdichadas ranas, desde el fondo del pozo, no hicieron caso de sus compañeras y empezaron a intentar salir de allí, saltando con todas sus fuerzas. Mientras, las otras ranas continuaban diciendo que más valía no cansarse pues escapar sería imposible. Al cabo de un tiempo, una de las ranas que estaba en el hoyo sucumbió a los comentarios,  dejó de saltar y se rindió, quedando para siempre en el fondo. La otra rana, sin embargo, siguió saltando y buscando cómo salir  aunque las demás insitían en que no valía la pena seguir luchando. Tras mucho rato intentándolo, la rana saltó con todas sus fuerzas y consiguió salir del agujero. Las otras ranas quedaron sorprendidas: “Qué bien que hayas conseguido salir, a pesar de que lo que te gritábamos para que te rindieras”. La rana, entonces, le explicó que ella era sorda y pensó que con sus gritos la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo. 

Esta fábula se conoce también con el título de “El poder de las palabras” porque esa es precisamente una de sus enseñanzas (aunque aún podemos sacar más). Nos demuestra cuánta fuerza e influencia pueden tener las palabras de los demás en nuestras reacciones y cómo una palabra de ánimo puede ayudarnos a “salir del hoyo” y enfrentarnos a nuestros problemas, pero también cómo una palabra destructiva – o una actitud negativa o  la falta de escucha etc –  puede dañar a una persona que se siente mal. Por lo tanto debemos cuidar lo que decimos a los demás, pero también a nosotros mismos. Por que a veces las ranas que gritan para que nos rindamos y no salgamos del hoyo, somos nosotros mismos: nuestros miedos o la falta de autoconfianza en nuestras posibilidades consiguen que creamos que es mejor rendirse que intentar superar nuestros problemas. A veces damos por imposibles cosas que no lo son: lo que pasa es que cuesta encontrar la solución. Como la rana sorda, no permitas que los demás, ni tampoco tus propios miedos, consigan  que dejes de  luchar para superar los problemas. Y recuerda que  con una palabra de aliento o simplemente prestando tu atención y tu apoyo, puedes ayudar a los que quieres a que superen los suyos.